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Dejamos el pequeño poblado de Susques desandando parte del camino por la RN 52, debemos tomar un desvío en la intersección con la RP 75 que viene de Abdón Castro Tolay, ahora hacia el sur. Estamos a 109 km. de San Antonio de Los Cobres.
A poco de andar por el ripio, a unos 12 km. un desvío a nuestra derecha nos conduce por 3 km. y detrás del Cerro Cono, a un pequeño caserío abandonado, Rangel en donde no falta la típica blanquecina iglesia del norte argentino que seguramente estará abierta y nos permitirá observar en su interior dos pequeñas antiguas campanas. Estamos a 86 km. de San Antonio de Los Cobres.
De vuelta en el camino, a 8 km. habremos de trasponer el paraje de Hornadillas y luego de otros 9 km. mas Tolar Chico . Enseguida a nuestra derecha un desvío de unos 2 km. que forman parte de la vieja RP 38, nos lleva a Cobres, un pueblito de adobe y paja que fue fundado en 1910 y se halla olvidado en los 3470 msnm. de la Puna Salteña casi en el límite con Jujuy. Declarado Patrimonio Histórico Municipal, es un verdadero “Mirador a Salinas Grandes”. Naturalmente posee una hermosa capilla blanca.
Mas adelante tomamos la RP 38 para hacer 16 km. hasta Tipán (a 49 km. de S.A.C.) y luego El Talao. Continuando a unos 40 km. de S.A.C. otro paraje llamado Esquina de Guardia , luego viene un cementerio, 8 km. mas se halla Oruro, y un poco mas adelante el cruce con la RN 40 que nos hará ingresar a San Antonio de Los Cobres, “la capital” de la Puna Argentina.
S.A. de Los Cobre: se encuentra ubicado en plena puna a unos 150 km de la ciudad de Salta, es conocido por ser la parada obligada del Tren a las Nubes, se encuentra a 3775 m.s.n.m. Su nombre se debe a encontrarse dentro de su jurisdicción la famosa “Sierra del Cobre”, rica en dicho mineral. Las artesanías constituyen un importante medio de subsistencia, dicen: difícilmente haya una mujer que no teja con lana de llama algún atuendo (pashminas, guantes, chales, abrigos, etc.) o el famoso barracán para su venta. Es la parada obligada del la leyenda mundial “El Tren de Las Nubes” en cuya estación se realiza el izamiento de bandera.
20 km. hacia el oeste se halla una monumental obra de ingeniería, el Viaducto La Polvorita con una longitud de 224 mts. y 64 mts. de altura a 4250 m.s.n.m. Hasta aquí llega el tren turístico aunque el ramal continúa para trenes cargueros hasta Chile por el “Paso” y “Estación Socompa”. Camino a La Polvorita hay una mina de cobre abandonada, la Mina Concordia y las ruinas termales de Pompeya.
Recomiendo las artesanías de Florinda Siquila y los tejedores de “Conservar las Raices” que se encuentran en “El Triángulo” de “El Hostal del Cielo” saliendo del pueblo en dirección a la Polvorita.
En la puna se suceden la presencia de montículos de piedras ubicados en cruces de caminos o en abras. Se trata de las “Apachetas”, altares levantados por los caminantes para honrar a “Pachamama”, Madre Tierra, diosa de la tierra, del tiempo, del cosmos. Herencia ancestral, las apachetas son el elemento material y más visible de la religiosidad del puneño, fidelidad que se expresa durante todo el año pero de manera particular en el mes de agosto, reconocido como el mes de la madre tierra.
La ceremonia en honor a la “Pachamama” es un acto impactante, refleja el profundo sentir del “Runa”, del hombre de los cerros, que reconoce que su vida está estrecha e íntimamente ligada a la madre tierra.
En la cosmología andina, Pachamama es una deidad femenina que engendra todo lo que el hombre necesita, es dadora de todos los bienes , pero también es celosa vigilante de la conducta humana y si se siente ofendida puede desatar castigos traducidos en sequías, en accidentes, en pobreza. En S.A.C. se realiza la “Fiesta Nacional de la Pachamama”.
Siempre en sentido sur y por RN 40 hasta el cruce con RP 51 (Est. Los Patos), nos encaminamos por una larga recta hacia uno de los caminos mas altos del mundo y el mas alto de América, 14 km hasta el pié y otros 16 hasta la Ermita de una Virgen y una Apacheta que nos avisarán que estamos en El abra de Acay a 4895 msnm (según cartel) y 4972 (según GPS), superior en unos 100 m. al pico más alto de Europa: el Mont Blanc (4807 m.), en los Alpes suizos. A nuestra derecha “El Nevados de Acay” , cuya blanca cumbre alcanza los 5.716 metros, en fuerte contraste con el celeste puro de su cielo y la policromía de los cerros.
Esta fantástica abra cordillerana une la puna con el alto valle Calchaquí. Un cartel nos indica que hemos recorrido 45 km. desde S.A.C. y 32 desde el empalme con RP 51 y que nos faltan 46 para llegar a La Poma y 103 a Cachi.
La vista es indescriptible, se tiene una visión hacia ambos lados, hacia el Norte la puna desértica con la frágil línea blanca en el horizonte de Salinas Grandes, el Volcán Tuzgle y Quewar y hacia el Sur una abrupta bajada que se pierde entre blancas montañas.
A lo lejos, un hilo de polvo se eleva en el aturdidor silencio, algún vehículo nos hace saber que no estamos solos.
Esta abra es un hito de altura que sirve de bisagra entre las planicies de la puna y las del valle Calchaquí. Por la pared sur del nevado de Acay, descienden las aguas de deshielo que se convierten en el río Calchaquí, cuya cuenca representa la más larga del país, dado que desemboca en el Juramento y se transforma luego en el río Salado.
La ruta se construyó en la década del ‘60, siguiendo los viejos caminos incas, y se tuvieron que faldear las laderas del cerro.
Bajaremos 2.000 metros muy abruptamente y en el camino nos encontramos con alguna casita donde compramos queso de cabra, para seguir 79 km en dirección a La Poma.
La Poma: fue semidestruida por un terremoto ocurrido el 24 de diciembre de 1930.
Un sector del caserío de adobe fue reconstruido y otro fue edificado a una distancia de alrededor de un kilómetro junto al río Peña, en su desembocadura sobre el Calchaquí.
Un callejón enmarcado por dos pircas de adobe de unos 500 metros de largo resguarda al pueblo viejo y le otorga un encanto particular. Los senderos salpicados con rebaños de ovejas y llamas ofrecen otra postal del lugar.
Entramos a La Poma por el Pueblo Viejo, la mayoría de los habitantes del pueblo se trasladó a un kilómetro de distancia junto al río Peña.
Es la tierra de doña “Eulogia Tapia”, a la que el poeta Manuel Castilla y Cuchi Leguizamón le dedicaron la canción nacida de los carnavales de La Poma. “La tierra nos cría y la tierra nos come” sentenciaba Eulogia a sus 67 años; y así pasó en La Poma, pero ni el terremoto ni el tiempo pudieron con sus encantos. Aún vive en Pueblo Nuevo, hacia el norte vadeando el Río Calchaquí. Tal vez le pregunten a ella, por ella misma y tal vez responda que no está, de lo contrario mirará la cámara y soportará otro flash.
Hay una hostería donde recomiendan sus empanadas y provoletas de cabra. Tmbién tienen té de pétalos de rosa, cáscara de naranja, hojas de coca, muña muña y rica rica, (yuyos medicinales que crecen a más de 3.000 metros de altura). La infusión dicen, resulta casi mágica y, al rato de hacer efecto, el físico ha olvidado el apunamiento.
Dos kilómetros más adelante a nuestra derecha se encuentra el Puente del Diablo, una estructura construida por la naturaleza. Exploración de la caverna Puente del Diablo, con estalactitas y estalagmitas, que fue excavada por la erosión del río Calchaquí. Vista del Campo Nagro (formación basáltica) y Los Gemelos, antiguos volcanes apagados de sólo cien mil años de edad pertenecientes al periodo cuaternario. Estos volcanes poseen lavas basálticas que causaron el taponamiento del río y formaron lagos temporarios.
Aquí, el agua del río Calchaquí se encajona en las montañas.
El rumor del agua deja atrás todos los ruidos de la civilización. Para llegar a este paraje se debe descender por una cuesta que conduce al cruce natural por donde pasa el río Calchaquí. Otra perla de las cercanías de La Poma, son Los Graneros Incaicos, hay que desviarse del camino. Allí, dentro de una enorme cueva hay silos circulares y rectangulares. Servían, fundamentalmente, para almacenar maíz. La instalación en barro es compleja. Contiene los principios modernos de ventilación y protección de roedores que hasta hoy están vigentes.
Seguimos hacia Payogasta solo a 15 km. de Cachi, en el corazón de los Valles Calchaquíes, rodeada de cerros y con el imponente Nevado de Cachi como gran dominante del paisaje. Los arroyos de increíbles aguas cristalinas siguen su destino, se suceden los secaderos de pimientos, y los cerros con su impecable e inmenso techo azul. Tranquilidad ? … Paz ? … Cómo definir ese recorrido por sus angostas calles de tierra y poquitas construcciones de adobe, mudo testigo del paso del tiempo, donde casualmente el tiempo parece haberse detenido. Este sitial incaico es considerado por los arqueólogos como una "pequeña Cuzco en los Valles Calchaquíes", las únicas ruinas incas que se conocen en buen estado en la región.
Una alternativa económica de alojamiento es la “Hostería Payogasta”.
Continuando por RN 40 entre plantaciones de ajíes y pimientos llegamos al típico poblado de Cachi (2280 m.s.n.m.), al pié del colosal nevado, en el alto Valle Calchaquí. Es un bálsamo para el espíritu.
Junto a la unión de los ríos “Cachi” y “Calchaquí” se ubica este prolijo pueblito blanco y empedrado. Su plaza se encuentra cercada por una pirca de piedras que emula viejas construcciones de los “Indios Chocoanas” y se ingresa a través de arcadas. Su feria artesanal es rica en cerámicas y tapices hechos a mano. En frente la “Iglesia San José” de estilo neogótico posee tres campanas en su espadaña; su techo y su confesionario están construidos en cardón. A un costado el “Museo Arqueológico”. A 1 km. un bello mirador junto al cementerio de altura y a una pista de aterrizaje de aviones.
Hay hosterias como la del ACA, Dn. Arturo y El Cortijo.Comimos muy bien en parrilla El Aujero.