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Un arco iris sobre la cordillera

Octubre estalla de color en Trevelin, como en Holanda, pero en la Patagonia, gracias a la plantación chubutense de tulipanes

Veintisiete variedades de tulipanes pueblan poco más de tres hectáreas de una chacra de Trevelin, cerca de Esquel, vistiendo de todos los matices el pie de la cordillera.

Por eso, cada octubre, la chacra de tulipanes Plantas del Sur, de Juan Carlos Ledesma, a 12 kilómetros de Trevelin, cerca de la cordillera chubutense; es el lugar donde encontramos veintisiete variedades de colores que forman hileras de hasta 400 metros extendiéndose hacia el horizonte. Negros, violetas, rosados, blancos, rojos, amarillos, lilas, jaspeados, dobles, simples: los hay de todas las formas y tonalidades. Son las flores de tulipán que se producen para comercializar los bulbos en esta chacra que, además, está cerquita del área natural Cascadas de Nant y Fall.

Parece mentira que solamente sea un mes, octubre, el momento especial para su contemplación. Este año además viene con una novedad: desde el centro de Trevelin se organizan salidas nocturnas, porque tanto para quienes viven aquí como para los visitantes el cielo diáfano y despejado, las estrellas y la cordillera nevada de noche conforman un ambiente tan especial como único y una invitación que subyuga a fotógrafos de todas partes. Y ahora, agendado.

De las veintisiete variedades de tulipanes, Juan Carlos distingue unas enormes, de color amarillo, tan grande la flor como la de una rosa, que tienen perfume: “Son la variedad Montecarlo”, acota. Cuando uno camina por entre las hileras de tulipanes puede sentir el aroma a medida que se acerca a ese color. Por el contrario, las más pequeña es la Angélique, de color rosa suave con vetas blancas, y de doble pétalo. Es muy delicada, de allí su nombre.

Sin embargo, de todos estos colores imaginables son los tulipanes negros y los violetas los que atrapan los suspiros de los visitantes. Será por lo exótico, lo raro, lo distinto.

Tulipanes negros, tal vez por lo raros los favoritos de los visitantes junto a los de color violeta.

Para la producción de bulbos es especial el clima templado de la región. Fue necesario trabajar para que las dimensiones de los bulbos sean las que pide el mercado. Y eso supera en mucho al mes de octubre: el trabajo en el campo es todo el año, por la preparación de la tierra, porque se planta en mayo y abril y luego de la floración, cuando se cortan las “copitas” solamente y a fin del verano se cosechan los bulbos (3,5 millones), que es la producción a la que se dedica la finca.

Entonces quedan solamente los tallos, que según la especie pueden medir entre 20 y 70 centímetros. Luego desentierran los bulbos, de los cuales –como tardan tres años en alcanzar el tamaño ideal para su comercialización– un porcentaje queda en guarda hasta ser plantados para el año siguiente y volver a comenzar el ciclo. Lo que se vende, claro está, son los bulbos, que se comercializan en la zona en Buenos Aires. En algún momento llegaron hasta Holanda, pero no por ahora.

Los tulipanes se han convertido en un atractivo pero también en un símbolo de Trevelin, si se quiere. Para la Feria Internacional de Turismo (FIT2017), que se realiza a fin de octubre en La Rural de Palermo, en Buenos Aires, el propio secretario de Turismo de Trevelin, Víctor Yáñez, tiene previsto traer –como hizo el año pasado– unos cajoncitos primorosos repletos de tulipanes, el detalle que lo distinguió en plena selva de cemento y que regalaba alegría.

Todo el mundo relaciona a los tulipanes con Holanda, los Países Bajos concentran hoy el 87 por ciento del área cultivada de tulipanes a nivel mundial y la flor es un símbolo allí tanto como en Irán y Turquía, desde donde se llevó la planta a Europa.

En el mercado mundial de flores, el tulipán es la tercera flor más venida luego de la rosa y el crisantemo.

En la chacra de Trevelin donde está Juan Carlos Ledesma es posible advertir quizás alguna otra especie bella, como narcisos y jacintos: hay que estar atentos y percibir su perfume. E incluso pispear bien, porque también puede descubrirse alguna hilera de “alium”, que se distingue por su flor en forma de un enorme pompón de color azul.

En cuanto al viajero que no hay logrado organizarse para octubre, o por otros motivos se pierda la floración de los tulipanes, que no desista de su itinerario: porque en noviembre en la misma zona comienzan a florecer las peonías, hermosas flores que tienen 2000 años de historia y son muy apreciadas en China y Japón; y hasta diciembre hay en la zona flores de todos los colores.


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